martes, 5 de junio de 2018

Halcón tagarote

No es la primera vez que tratamos esta maravillosa especie. Si bien es cierto que las rapaces en general son magníficos ejemplares, los halcones con su cuerpo fusiforme, su penetrante mirada y su diseño cromático son fascinantes.

Este halcón tagarote tenía su territorio en un acantilado marino de unos 200 metros de altura en Agaete, en la costa occidental de Gran Canaria (islas Canarias). Sus vuelos acrobáticos nos acompañó durante parte de marzo, abril y mayo.

Para obtener las imágenes no había otro camino que utilizar una gran longitud focal (900 mm) y mucha constancia. Un importante handicap era que por el acantilado subía una brisa enrarecida por el spray marino, que unido a la gruesa capa de aire producía una importante rarefacción atmosférica. Sólo en un par de ocasiones se posó relativamente cerca de nosotros y pudimos hacerle algunas fotos de más calidad.













miércoles, 16 de mayo de 2018

Herbazales

Uno de los hábitats más amenazados de Canarias son los herbazales. Estos lugares suelen surgir de aquellos terrenos en barbecho que habitualmente se cultivan con cereales de secano. Albergan una serie de especies características, entre las que se encuentran las dos que a continuación les muestro.

De una parte el triguero. Su nombre no deja margen para la duda sobre sus preferencias y es muy característico como durante la época de reproducción se apostan en ciertos promontorios del terreno y emiten su canto de una manera, por decirlo de una manera suave, desaforada, tal como muestro en las fotos que acompañan esta entrada.

La otra especie es la codorniz. Una especie que en el pasado ha sido muy cazada y que actualmente tiene sus poblaciones muy mermadas y en algunos casos hibridadas con especies foráneas que han sido soltadas para la actividad cinegética durante un pasado próximo. Su vida discreta y su pequeño tamaño le añaden un plus de dificultad a la obtención de fotografías.











miércoles, 2 de mayo de 2018

Rincones

Es un placer adentrarse en estos paisajes llenos de vida y rebosantes de verdor de nuestro monteverde. De acuerdo que fue durante los meses más lluviosos del año y que es en las medianías del Norte de Gran Canaria..., pero poco tiene que ver con los agrestes paisajes de Fataga o las dunas de Maspalomas. Y es que el calificativo de continente en miniatura no es gratuito.

Además del placer estético, estos paisajes acogen a una gran variedad de hábitats para la fauna. De hecho  no creo que con estos paisajes se ponga en duda la posibilidad de reintroducir la paloma turqué en nuestra Isla. Cosa bien diferente es que se necesita aumentar considerablemente la extensión de la laurisilva, no sólo para la reintroducción de especies perdidas del elenco insular sino para la fijación de suelo, para recargar agua en el acuífero o, simplemente, por el disfrute estético, que no todo va a tener un destino utilitarista.

Y es que necesitamos una Isla para vivir y no sólo para sobrevivir. Mientras disfrutemos de estos rincones.