martes, 8 de septiembre de 2015

El bebedero de Fagajesto

Si hay algo que atraiga a los pájaros durante el verano es el agua. El agua y cualquier recurso limitante. Y eso es lo que ha ocurrido en un bebedero de Fagajesto, una hermosa localidad al norte de Gran Canaria: los canarios silvestres, pardillos (localmente denominados linaceros), los jilgueros (o pintos) y otras especies más circunstanciales acudían por cientos. Sí, podíamos ver grupos de algunos cientos. Posiblemente la mayoría de la población de muchos kilómetros cuadrados, pues es bien sabido la aminoración de las poblaciones que estas especies están teniendo en los últimos cincuenta años.

Esto, a su vez, provocaba la agregación de hasta dieciséis fotógrafos en un fin de semana, según uno de los asiduos. Yo estuve cuatro veces: en dos llovió y por lo tanto los pájaros no acudieron, en otra me encontré el bebedero seco, y por los tantos las aves se habían trasladado a otro lugar (no apareció ni una) y en una de las sesiones me serví a placer.

Espero retomar la tarea en otro momento. El lugar, especialmente cuando las aves tenga un plumaje más lucido, aunque como ya dije en un entrada anterior a este blog, es conveniente documentar todas las fases de la biología de las especies. También las menos lucidas. Todas las fotos que presento a continuación son de linaceros o pardillos, excepto las dos primeras, de plumaje amarillo, que obviamente son canarios silvestres. Termino la muestra con un paisaje que no me puedo sustraer de presentarles. Tontorrón que se pone uno con estos espectáculos naturales que te brindan las muchas horas en el campo...

Como siempre, haciendo doble click sobre las imágenes podrás verlas más grandes.















domingo, 16 de agosto de 2015

Guía de la Naturaleza de Pájara


Hace treinta años, encontrar un libro de Naturaleza canaria era difícil; hoy proliferan los póster, libros y folletos. Lamentablemente la mayoría son un “copiar y pegar” y no pasan de un refrito, sin aportaciones originales. No es el caso del libro que les presentamos, de mis amigos (lo confieso), Stephan Scholz y César-Javier Palacios, biólogo el primero y geógrafo el segundo, pero ambos residentes desde hace más de veinticinco años en Fuerteventura y ávidos exploradores de su Naturaleza.


Estamos por tanto ante una obra de 191 páginas financiada por el Ayuntamiento del municipio de Pájara (posiblemente el nombre más “pajaril” que se pueda tener). El libro se estructura siguiendo las diferentes comarcas de este amplio municipio: Istmo La Pared, las montañas de Jandía, playa de Sotavento, saladar del Matorral, Cofete, Montaña Cardones, Ajuy… Dentro de cada capítulo se tocan diferentes temas que van desde la geología a la flora y fauna, pasando por la descripción de rutas que ayudan a disfrutar de sus recursos naturales. Hemos tenido el honor de colaborar con la aportación de una decena de fotografías.


Viene impreso en un magnífico papel y una tipografía excelente, si bien es cierto que aparecen algunas erratas y el diseñador se ha cebado en las patas y colas de las aves. Tampoco está exento de algunos errores en cuanto a la autoría de la fotos; pero por encima de todo, tiene la enorme virtud de estar plagada de información de primera mano, original y con una buena contrastación científica sin renunciar a un lenguaje divulgador.









domingo, 2 de agosto de 2015

Ceba de pico picapinos

Creo que muchas personas de mi edad recuerdan al pájaro loco de los dibujos animados. Aquí tenemos la versión canaria, si bien es cierto que tanto el macho como la hembra se toman muy en serio la alimentación de sus pequeños. Situado en un castaño a apenas un metro de una carretera asfaltada y muy transitada (temíamos que los polluelos cayeran del nido y fueran atropellados), esta pareja cuidaba con denodada dedicación a sus polluelos. Numerosos insectos, especialmente adultos de noctuidos, eran aportados cada veinte o treinta minutos. Esto nos permitió hacerle varias fotos desde el otro lado de la carretera primero y después desde el lado opuesto del tronco, donde el adulto tenía su “pista de aterrizaje”.

Lamentablemente el nido estaba a la sombra y no quisimos utilizar más que un flas porque añadir más  unidades llamaría la atención de los conductores sobre la ubicación del nido.


Dos días después volvieron unos compañeros de lances fotográficos pero los polluelos, ya bastante crecidos, habían levantado el vuelo felizmente.